¿ SABES QUE ES «LA SECA» ?

LA SECA: Una enfermedad imparable

La “seca” es una enfermedad que produce el decaimiento y la muerte de las encinas y alcornoques de nuestras dehesas y montes, en realidad este es el término común con el que se conoce a esta enfermedad y es bastante descriptivo, refiriéndose únicamente a los síntomas que se ven a simple vista en la parte aérea de los árboles donde provoca una pérdida progresiva de las hojas, produciendo un aspecto parecido al que provoca una sequía severa.

Ya desde los años 80 se viene observando un deterioro progresivo en las encinas de nuestras dehesas. En Andalucía las importantes sequías que ocurrieron durante los 80 y los 90 se consideraron como responsables de este debilitamiento. Sin embargo observando la distribución de los árboles enfermos se evidencio que era distinta a la que se producía por la sequía, ya que aparecían en grupos aislados y rodeados de otros árboles sanos, lo que hizo pensar en la implicación de algún patógeno.

El decaimiento en el arbolado puede deberse a múltiples y distintos factores, entre los que encontramos una mala gestión del suelo que lleve a un envejecimiento en el arbolado y a una falta de regeneración, la sobreexplotación ganadera, la presencia de heridas en los árboles por podas mal ejecutadas…etc. Pero el factor que parece tener más incidencia es el climático como es el aumento de la duración de las sequías y la subida de la temperatura estival, algo que como todos sabemos, está sucediendo con más frecuencia en las últimas décadas.
Todos estos factores producen alteraciones en la fisiología de las encinas que tienen la consecuencia de hacerlas más susceptibles a la acción de ciertos patógenos.

En nuestra sierra el principal agente biótico implicado en esta enfermedad es el Phytophthora cinnamomi (Sánchez et al; 2006; Navarro et al;2004). Se trata de un hongo microscópico que provoca la pudrición de las raíces, impidiendo la absorción del agua y de sales minerales del suelo. Este hongo cuyo nombre etimológicamente significa “destructor de plantas” afecta a muchas especies de plantas, entre las que encontramos castaños, robles y diversas coníferas presentes en los bosques, así como frutales y plantas ornamentales como azaleas y brezos. Se trata de un hongo originario de países tropicales y se considera como una de las 100 especies exóticas invasoras más dañinas del mundo por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN). Su distribución es mundial y es responsable del 66% de todas las enfermedades de las raíces finas.

El hecho de que afecte a tantas especies vegetales distintas ha contribuido a su rápida difusión que se produce por distintos vectores:

A nivel local: Los movimientos del ganado y las personas, los movimientos de tierras por trabajos agrícolas o construcción de carreteras, el movimiento de vehículos y los factores ambientales como las escorrentías, el viento, los encharcamientos…etc.

A un nivel más amplio ocurre por las importaciones masivas de plantas y sustratos.

La fitóftora es muy resistente, puede sobrevivir hasta 6 años en ausencia de hospedador, viviendo de forma saprófita en la materia orgánica en descomposición y a pesar de su origen tropical, también sobrevive a inviernos fríos. La temperatura ideal en la que se desarrolla la forma infectiva (zoospora) es entre 26 y 32’5ºC y necesita la presencia de agua, en nuestra sierra esto ocurre durante el otoño y la primavera.
Las zoosporas que son las formas infectivas, tienen dos flagelos que les permiten moverse de forma activa por el agua, aunque también son transportadas de forma pasiva. Los exudados de las raíces atraen a las zoosporas que una vez que las alcanzan pierden sus flagelos y se enquistan y redondean. Estos quistes forman un tubo germinativo que se introduce en la raíz y que se ramifica dañando el tejido vascular de la raíz, lo que resulta en su podredumbre.

 

ciclo seca

Ciclo vital de Phytophthora cinnamomi ( Diagrama adaptado del prof. A. Hardman, The Australian National University)

Para que la infección tenga éxito, es necesario que la raíz esté sana y no existan ya otros microorganismos infectando la raíz porque en ese caso la fitóftora tendría que competir con ellos, igualmente son necesarias unas condiciones ambientales óptimas. Si esto es así, se producirá la infección y en pocos días brotarán nuevos esporangios de la planta para producir más zoosporas y perpetuar el ciclo indefinidamente.

Existen distintos factores que disminuyen la vitalidad y resistencia de las encinas, pudiéndose citar entre otros:

Los suelos compactados impiden el crecimiento de las raíces y disminuyen la infiltración del suelo, en este tipo de suelos el agua se acumula en poros de difícil acceso para las raíces.

Los suelos de escaso espesor proporcionan menos agua a las encinas, no existiendo acceso a niveles freáticos profundos y reteniendo menos agua, mientras que favorecen el encharcamiento y obligan a que las raíces se coloquen de forma más superficial lo que favorece su posible daño mecánico.

Las zonas de ladera con orientación sur que presentan menor humedad edáfica y las zonas de mayor altitud se relacionan con una mayor mortalidad de las encinas.

La sobreexplotación ganadera también influye negativamente.

Algunos insectos xilófagos, el hongo Botryosphaeria spp. y la bacteria Brenneria quercina también debilitan a las encinas.Por el contrario las micorrizas tienen un papel positivo favoreciendo la eficiencia en la toma de nutrientes y agua por parte de la encina.

El envejecimiento de la población arbórea debido a la falta de regeneración por un manejo inadecuado, como ocurre por la ausencia de arbustos que protejan a las nuevas plantas de la excesiva radiación y de los depredadores, así como la falta de dispersión de las bellotas.

El diagnóstico:

Debido a la gran cantidad de factores que están implicados en el decaimiento de las encinas, se hace muy difícil el diagnóstico preciso de los casos debidos a Phytophthora cinnamomi. Visualmente los síntomas observados son inespecíficos y pueden adjudicarse a otras enfermedades o a la propia sequía. A pesar de estas limitaciones podemos sospechar la presencia de fitóftora mediante la observación de :

Copas más claras de lo habitual que han perdido hojas, las ramas pequeñas de la parte más alta de la encina aparecen sin hojas (puntisecado). Es frecuente que se produzcan muertes súbitas durante el verano quedando los árboles con toda la hoja seca y de color marrón.

La distribución de los focos que avanzan pendiente abajo en la dirección en que se mueve el agua, apareciendo los árboles muertos y/o más afectados en la parte de arriba. Observar focos que pueden crecer de modo más o menos circular y otros que están situados en zonas de vaguada que sufren encharcamientos.

La ausencia de síntomas en especies que son resistentes a Phytophthora cinnamomi como son el acebuche, el romero o el madroño, pueden descartar otras causas de decaimiento.

El aislamiento de fitóftora solo puede ser realizado por un laboratorio especializado en este tipo de patógenos. Para ello usan cebos vegetales, como peras, manzanas, hojas tiernas de encina o raíces de altramuz puestos en condiciones de inundación para reproducir las mejores condiciones. Si hay zoosporas, estas atacaran el cebo y provocan un cambio de aspecto y color en los tejidos. Este material infectado se siembra en un medio de cultivo selectivo del que se aislará al patógeno que podrá ser identificado morfológicamente.

Lucha y prevención

El primer paso es detectar los focos y dentro de estos qué árboles están enfermos. Esto supone un problema porque al principio de la infección el árbol no presenta sintomatología y por lo tanto es difícil delimitar el frente del foco.
La prevención tiene por objeto evitar la diseminación de la fitóftora, para ello pueden llevarse a cabo las siguientes medidas:

Delimitación y vallado del foco, para ello se deben incluir árboles aparentemente sanos. Dentro de esta zona se debe evitar el paso de vehículos, personas y animales, así como evitar hacer trabajos agrícolas. En caso de que sea imposible llevar a cabo esta restricción, hacer las labores cuando no existan charcos y desinfectar los aperos con lejía diluida en agua al 20%. En el caso de los animales se deben usar pediluvios a la salida para evitar que diseminen el hongo a través de sus pezuñas.

También existen tratamientos químicos para el tratamiento en las fases iniciales de la infección, la aplicación de ácido fosforoso que además de propiedades antifúngicas, es capaz de estimular las defensas de los árboles (Navarro, R.M., Terán, A. I. 2006.) Estos productos se aplican mediante inyección en el tronco y llegan hasta las raíces más pequeñas que son atacadas por la fitóftora. También pueden utilizarse pulverizados sobre las copas o aplicándolos en el suelo.

Otra estrategia es la de plantar especies resistentes que segregan sustancias que dificultan la proliferación de este patógeno.

 

Julia Rubias