procesionaria del pino

LA PROCESIONARIA DEL PINO

Se trata de un lepidóptero (mariposa) nocturno cuyo nombre científico es Thaumatopea pytocampa, conocida como oruga del pino o procesionaria, su nombre como imagináis es debido a las hileras que forman durante la fase de enterramiento.
El ciclo biológico empieza cuando, al final del verano, las mariposas salen del terreno y los machos fecundan a las hembras. Estas depositan los huevos en las agujas de los pinos y a las 4 semanas ya salen las orugas que pasarán por cuatro fases evolutivas. Durante la fase larvaria 3 construyen el típico bolsón de seda que se localiza en el pino y al que se adhiere mediante los excrementos de las 200 orugas que pueden estar alojadas en cada bolsa. Durante esta fase se alimentan de las acículas (hojas) cercanas. A veces se alejan del nido tejiendo un hilo durante el recorrido para volver.
El momento crítico del ciclo es durante el inicio de la primavera, este año antes, ya que con la subida ligera de la temperatura, se estimula el “reflejo de enterramiento”. Todas las orugas migran en procesión guiadas por una hembra que teje un hilo conductor. El destino es un sitio ideal para enterrarse y formar las crisálidas, que saldrán al final del verano siguiente como mariposas. Este es el momento más peligroso porque se liberan pelos urticantes que generalmente por contacto o llevados por el viento llegan hasta nosotros produciendo reacciones.
Hay animales que se afectan especialmente debido a su idiosincrasia, y este es el caso de los perros, mientras que en los gatos suele ser mucho más raro. En cualquier caso el pronóstico y por lo tanto las secuelas que dejen las lesiones van a depender mucho con la localización de las mismas y con la cantidad de pelos urticantes que hayan entrado en contacto así como con la rapidez con la que se actue. En las personas la lesión más común es la dermatitis, reportándose en menor medida afecciones oculares. En el caso de los perros suele producirse una estomatitis por el contacto directo con la oruga, pudiéndose afectar los labios (queilitis) y/o la lengua. Se produce una fase erosiva y posteriormente una ulcerativa que en función de la eficacia de la terapia puede evolucionar de diferente forma. Mas raras son las blefaritis (inflamación de los párpados) , las úlceras corneales y las rinitis por inhalación de los pelos urticantes.
Estos pelos urticantes constituyen un mecanismo de defensa de las orugas y poseen una estructura que les permite quedarse literalmente clavados. Estos pelos tienen una toxina en su interior que se libera en caso de peligro, se trata de una proteína conocida como taumatopeina, capaz de desencadenar un mecanismo fisiopatológico de hipersensibilidad inmediata tipo I, mediada por IgE y la consiguiente degranulación de los mastocitos con una liberación masiva de histamina que produce una fuerte reacción inflamatoria que se perpetua por la permanencia de los pelos.
Hay que tener en cuenta que estos pelos permanecerán durante un tiempo en los nidos y en zonas donde han estado las orugas pudiendo producirse reacciones incluso después de la desaparición de estas.
Los animales afectados suelen estar nerviosos y se tocan repetidamente la boca con las patas , liberan gran cantidad de saliva y tragan repetidamente, en seguida empiezan a aparecer una gran inflamación de la lengua y de los labios que puede incluso impedir cerrar la boca. La cara también se “hincha” porque el angioedema que puede llegar a desarrollarse es similar a cualquier reacción alérgica. Pueden producirse vómitos cuando la oruga ha llegado a ser ingerida. El cuadro si no se trata puede llevar a la muerte del animal. Localmente se produce un fallo en la vascularización y una necrosis que puede llevar a una perdida de un trozo de lengua.
En el caso de que nuestro perro haya entrado en contacto con una oruga deberemos enjuagar (pero sin frotar ) la lengua o la zona afectada con agua jabonosa caliente para desactivar la toxina. Y acudir al veterinario que instaurará un tratamiento adecuado a base de antIinflamatorios (corticoides y antihistaminicos) , antibióticos (metronidazol), protectores gástricos y si es necesario realizará fluidoterápia y administrará epinefrina entre otras medidas que quedarán a su criterio.
En el caso de las personas lo más común son las urticarias producidas sin un contacto directo que suelen tratarse con una buena ducha sin frotar y el uso de antihistamínicos tópicos y orales. En el resto de casos acudir a urgencias a la mayor brevedad.
En todo caso tanto para las personas como para los animales, especialmente para los que presenten algún tipo de sensibilidad a esta oruga, la mejor medida es la prevención por lo que hay que evitar cualquier exposición. Abstenerse de pasear por el campo durante la temporada que es de febrero a abril y en todo caso si tenemos perro deberemos llevarlo atado para que evitar que lama alguna oruga, especialmente si es cachorro, porque seguramente les llamará más la atención dada la curiosidad propia de la edad.
En el caso de que haya nidos en nuestra propiedad, lo mejor es podar las ramas, o sacar de ellas los bolsones sin olvidar usar unas gafas especiales que nos protejan los ojos y usar guantes de goma para las manos. Hay que evitar que el nido caiga bruscamente y tampoco hacerlo en días de viento porque puede favorecer el desprendimiento de pelos, una vez quitados hay que quemarlos.
La procesionaria causa la perdida de hojas en los pinos y por este motivo acaban secándose, por ello se considera la segunda causa de desaparición de estos después de los incendios.
Otra opción es la lucha química utilizando insecticidas, a los que las formas larvarias son muy sensibles. Se puede fumigar con Trichlorfon al 5% (Dipterex 80 ps de Bayer) o piretrinas, esto se hace al final de verano y principio de otoño. En zonas muy plagadas se pueden utilizar productos como diflubenzuron, comercializado con el nombre de Dimilin, que inhibe el crecimiento pero que no es selectivo y además tiene una larga persistencia en el medio natural por lo que ha dejado de usarse en campañas de fumigación masivas.
Los insecticidas y el petróleo se pueden inyectar en los bolsones fácilmente alcanzables o juntar sobre el tronco del árbol para evitar la bajada de las orugas. En ningún caso trate de tirar los nidos con tiros o golpes bruscos, pues puede ser contraproducente al diseminar muchos pelos.
El uso de feromonas que atraen a los machos hasta una trampa con el fin de evitar la cópula es una medida muy interesante y no daña el medio ambiente. En algunos países ha dado buenos resultados la lucha biológica mediante la infección de la orugas con la bacteria Bacillus thuringensis, que produce una toxina mortal para las procesionaria.
Proteger especies como el cuco o algunos coleópteros que se alimentan de la oruga también colabora en mantenerla bajo control.

 

Julia Rubias