BRUXISMO O «RECHINAR DE DIENTES»

El bruxismo es el hábito de apretar la mandíbula y/o de rechinar los dientes que ocurre de forma involuntaria durante el sueño, aunque algunos autores también incluyen en la definición cuando se realiza de forma consciente durante la vigilia.

El bruxismo es considerado como una parafunción, que se define como el trabajo realizado ordenadamente por un conjunto de grupos musculares para producir un movimiento que no tiene ninguna utilidad.

Existen diferentes teorías que intentan explicar la aparición del bruxismo, la más aceptada es que se debe a una disarmonía oclusal (mala mordida) acompañada de factores emocionales como la tensión psíquica o estrés.

Para entender mejor este problema vamos a realizar un breve recuerdo anatómico y fisiológico del aparato masticatorio que está compuesto por huesos, articulaciones, ligamentos, dientes y músculos, además de un complejo sistema neurológico de control que regula y coordina todas estas estructuras.

El movimiento mandibular depende de la anatomía de la articulación temporomandibular, de la relación oclusal y del sistema neuromuscular, por lo tanto cuanto mejor encajen las arcadas dentales y más bien alineados estén los dientes mejor funcionará el aparato masticatorio. En la articulación temporomandibular el disco articular y el cóndilo están unidos mediante ligamentos, permitiendo el movimiento de bisagra de la articulación, el movimiento de una de las articulaciones provoca un movimiento en la contralateral, siendo en su mayoría combinaciones de movimientos de rotación y de traslación mandibular.

La inervación sensitiva de las articulaciones temporomandibulares depende del nervio auriculotemporal, existiendo terminaciones no solo nociceptivas ( del dolor) sino también
mecanorreceptoras (presión).

En cuanto a los músculos, el músculo temporal es el que genera el movimiento mandibular, sus fibras se extienden en forma de abanico con tres haces: el anterior y el medio cuyas fibras al contraerse elevan la mandíbula y el haz posterior que intervienen en la retrusión mandibular.
El músculo masetero mantiene la boca cerrada y realiza un control fino de la masticación.
Otros músculos implicados son el músculo pterigoideo interno, el pterigoideo externo, y los músculos supra e infrahioideos.

Estos músculos pueden encontrarse en los siguientes estados funcionales:

Contracción isotónica, se caracteriza por producir un acortamiento de los músculos sin aumentar la tensión, lo
que se traduce en producir el movimiento mandibular. Es la contración que se produce cuando masticamos.

– Contracción isométrica : Es la que se produce en el Bruxismo. No se produce acortamiento de las fibras provocando
una gran tensión. Esta tipo de contracción consume mucho oxígeno y glucógeno sin que la eliminación de
catabolitos sea eficaz.

Relajación o reposo: Cuando el estímulo nervioso termina el músculo recupera su tono muscular de reposo.

La aparición del bruxismo es consecuencia de varios factores:

Una mala oclusión (provocada por extracciones, restauraciones inadecuadas, traumatismos, etc), que consiste en posiciones y movimientos mandibulares anormales, estos movimientos producen una hiperactividad de algunos músculos masticatorios.
Factores estresantes que elevan la tensión emocional. Esta situación provoca que se aprieten y/o se froten los dientes unos contra otros, casi sin que se produzca un desplazamiento mandibular, es decir se produce un contracción isométrica. Este fenómeno provoca que las fibras musculares están tensas y presionen los vasos sanguíneos lo que se traduce en la disminución de la perfusión sanguínea y en un menor aporte de oxígeno mientras que simultáneamente se van acumulando las toxinas que no pueden ser retiradas. Finalmente lo que se va ha producir es una inflamación de las fibras musculares, es decir, una miositis. La inflamación se acompaña de dolor, que de forma inconsciente produce como respuesta una contracción muscular de forma que se crea un círculo vicioso.
La teoría más extendida hoy en día es que el bruxismo es el resultado de la presencia de disarmonía oclusal aunque sea pequeña junto con alteraciones psíquicas tales como ansiedad o estrés.
Existen algunos fármacos que pueden desencadenar episodios de bruxismo como es el caso de los inhibidores de la recaptación de la serotonina utilizados en el tratamiento de la depresión.
En cuanto a si se hereda, se ha comprobado la presencia de bruxismo en varias generaciones de una misma familia por lo que parece ser que en ciertos individuos pudiera existir una predisposición genética.
Los episodios de bruxismo normalmente se asocian con el paso de un sueño más profundo a uno menos profundo.
La duración y número de episodios de bruxismo es muy variable, tanto en un mismo individuo como entre diferentes personas. La fuerza muscular ejercida inconscientemente durante un episodio de bruxismo es muy superior a la realizada conscientemente y a la que se hace durante la masticación. Esto se debe a que cuando estamos despiertos existe un reflejo protector mediante el cual una fuerza muscular excesiva es inhibida por el sistema nervioso central, mientras que cuando estamos dormidos este sistema inhibidor no está activo.

La incidencia del bruxismo disminuye con la edad, especialmente después de los 50 años y no parece que existan diferencias significativas en cuanto a género.

El Bruxismo va a producir daños como son:

El desgaste de los dientes e incluso la rotura parcial de los mismos es el daño más común de todos los observados en personas que padecen de bruxismo. El desgaste se observa en zonas distintas a donde se produce el desgaste fisiológico por el uso de la dentadura. El esmalte se desgasta más rápido y el propio desprendimiento de los prismas de esmalte proporciona una sustancia abrasiva para que se produzca el desgaste. Con el tiempo se pueden producir aristas que lesionan la lengua o los labios y se pueden producir daños en la dentina desarrollándose hipersensibilidad dental y otros problemas.

El bruxismo de larga duración provoca que la persona que lo padece parezca envejecida puesto que además de que los dientes tienen un aspecto insano y son más cortos de lo normal, se produce un cambio en la fisionomía de la cara y la aparición de arrugas.En algunas ocasiones también se producen un desgaste a nivel del cuello de los dientes.

Otro fenómeno que ocurre en personas con bruxismo es el de las migraciones dentarias y los dientes fuera de su posición normal como resultado de la acción persistente de fuerzas oclusales anormales tanto en intensidad como en dirección, provocando la desaparición de los puntos de contacto normales entre los dientes.
El trauma periodontal, provocando movilidad anormal de las piezas dentarias dando la sensación de tener los dientes “flojos”. Se pueden producir inflamaciones de los tejidos blandos y favorecer la aparición de infecciones y abscesos.

Exostosis óseas, que son hipertrofias de hueso causadas por el estímulo producido por las fuerzas oclusales anormales, presentándose como prominencias compactas de hueso cubiertas por mucosa sana.

Hipertrofia muscular: la hipertrofia muscular o aumento del tamaño del músculo producido por su hiperactividad es común en personas con bruxismo. Se ve principalmente en el músculo masetero y puede provocar deformidad facial simétrica o asimétrica (sólo de un lado).

Artritis traumática de la articulación témporomandibular. Se pueden oír ruidos o chasquidos durante su funcionamiento, limitación de la apertura bucal y desviaciones acompañado de dolor.

De tal manera que el Bruxismo es en realidad un círculo vicioso muy destructivo.

 

Julia Rubias